ISLAM: Ahl al Sunnah wal Yama'ah

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 Jadiiyah bint Jualid (Allah se complazca con ella)

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Sunnah wal Yamaah
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MensajeTema: Jadiiyah bint Jualid (Allah se complazca con ella)   Lun Dic 05, 2011 12:08 pm






Jadiiyah bint Jualid
(Allah se complazca con ella)


Allah dice en el Sagrado Corán:

“Por cierto que aquellos que anhelan el encuentro con Allah y la recompensa el Día del Juicio tienen en ellos [Abraham y los creyentes que le siguieron] un bello ejemplo. Y quien desobedezca a Allah sepa que Él es Opulento, Loable”. (60:6)

Un ejemplo de esa clase de siervos piadosos es la Madre de los Creyentes Jadiyah (Allah se complazca con ella), una esposa luchadora, una compañera paciente, caritativa y generosa, que reunió los mejores modales y cualidades y alcanzó la cima de la fe con total convicción convirtiéndose así en un ejemplo para todas las mujeres de esta Tierra.

Ella vivió en una época en la cual la injusticia se había extendido por todos lados, incluso había irrumpido en la tranquilidad de los hogares y afectado la mente de las personas. Así es como muchas personas se encontraban enceguecidas y habían perdido toda cordura, pues creaban sus propias divinidades con pasta de dátiles y las adoraban hasta que debido a la hambruna se veían obligados a comérselas. ¡Qué absurdo! Una divinidad comestible. Una época en la cual se mataban entre hermanos y entre padres e hijos. Las hijas mujeres eran despreciadas y asesinadas por temor a la pobreza.

Se vivía en un clima colmado de corrupción y falsedad, donde la violencia desmedida y la ignorancia regían la vida de las personas. En ese entonces surgió un grupo de personas con intelecto que se aferraron a los buenos modales y se alejaron de la ignorancia; éstos censuraron a su pueblo y les intentaron educar. Entre ellas se encontraba la Madre de los Creyentes Jadiyah, una mujer inteligente, fuerte y pura.

Los libros de historia registraron muchas de sus cualidades aunque debido a su cantidad no pudieron enumerarlas a todas, así es como ella se convirtió en el referente de toda virtud.

La Madre de los Creyentes Jadiyah (Allah se complazca con ella) era una mujer de negocios, adinerada y gran comerciante y buscaba en la sociedad un hombre distinto a los demás, honesto y leal a quien pudiera encargar sus negocios. Ella conocía perfectamente a Muhammad Ibn ‘Abdullah, pues la tía paterna de éste Safiaah Bint ‘Abd Al Muttalib era la esposa de su hermano Al ‘Auâm Ibn Juailid.

Llegaron a sus oídos las mejores referencias de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), pues era conocido por todos como Muhammad “el leal”, y decidió convocarlo y contratarlo para que fuera encargado de sus negocios a Sham (Siria) junto con un empleado de ella llamado Maisarah, y le pagó más de lo que acostumbraba pagar a los otros. Así fue cómo Mumammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) emprendió el viaje junto a Maisarah y retornó con enormes ganancias. Cuando su empleado Maisarah le contó la honestidad de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), su educación, sus virtudes y su buen comportamiento, se conmovió de forma tal que vio en él el esposo que siempre deseó. Esta idea permaneció siempre en su corazón hasta que su amiga Nafisah Bint Munabbih se presentó ante el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y le preguntó: ¡Muhammah! ¿Qué te impide casarte? Y respondió: “No tengo dinero para hacerlo”. Y entonces le mujer le preguntó: ¿Y si el dinero no fuese necesario porque la mujer con la que te deseas casar es adinerada, bella y distinguida, que dirías? Y el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) preguntó: “¿De quién estás hablando?” Y ella respondió: De Jadiyah Bint Juailid. Entonces el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Si ella está de acuerdo yo la desposo.

Luego el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) expresó su deseo de desposar a Jadiyah a sus tíos, y Abu Talib, Hamzah y los otros se presentaron ante el tío de ésta ‘Amr Ibn Asad y concretaron el compromiso de ambos luego de entregarle la dote correspondiente. Así fue cómo se concretó el casamiento más bendecido de todos.

Jadiyah (Allah se complazca con ella) se alegró muchísimo con este casamiento como no podría ser de otra manera, pues se había casado con “el leal” y “el compasivo.

Aquí podemos detenernos a reflexionar en el hecho de que Allah le facilita los asuntos a quienes desean con el casamiento preservar su dignidad. Sería imposible de imaginar para quienes viven en un mundo lleno de frivolidades que una mujer tan adinerada como Jadiyah pudiera casarse con un hombre tan pobre como Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Aunque claro está que para Jadiyah (Allah se complazca con ella) pesó más en la balanza la integridad y moral de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) que cualquier otra condición.

Aquellos que tienen mujeres a su cargo que se apresuren a casarlas cuando encuentren para ellas un candidato religioso y virtuoso, y del mismo modo a sus hijos varones. Que los jóvenes se apresuren también a completar su religión con el matrimonio, pues Allah preserva a través del matrimonio la religión, la dignidad y el honor.

La vida matrimonial de Jadiyah (Allah se complazca con ella) y de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) transcurrió felizmente, llena de amor, compresión, misericordia y condescendencia. En una oportunidad, cuando ambos se encontraban sentados, un empleado de Jadiyah les anunció que Halimah As Sa‘diiah estaba en la puerta y pedía entrar. Cuando el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) escuchó esto, su corazón se llenó de alegría y emoción; muchos recuerdos de su nodriza vinieron a su mente; recordó la tribu de Sa‘d y la dedicación que ella le brindó con tanta ternura. Al oír tantos elogios de boca del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se puso de pie y se dirigió a la puerta para recibirla y hacerla entrar. Cuando los ojos del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) la vieron se llenaron de lágrimas y casi no podía hablar de la emoción; sólo pudo proferir dos palabras que expresaban todo lo que sentía por ella: “¡Madre! ¡Madre!

En ese cálido encuentro él le preguntó cómo se encontraba y ella se lamentó de la terrible sequía que estaba azotando el desierto donde vivía junto con los de su tribu, y que estaban atravesando días muy duros de terrible pobreza. Él se conmovió por su situación y la aprovisionó con generosidad, luego habló con su esposa, quien sintió mucha compasión y también la ayudó dadivosamente. Así fue cómo volvió a su tribu con cuarenta cabezas de ganado, entre ovejas y camellos, llevando agua y provisiones a su gente.

Jadiyah (Allah se complazca con ella) era conocida por su dadivosidad antes del Islam, y luego de hacerse musulmana esa cualidad se incrementó llegando a la cima de la generosidad y la beneficencia. Ayudaba a los necesitados con la sincera intención de complacer a Allah. Siempre hizo todo lo que pudo para dejar contento a su esposo, por lo que cuarenta cabezas de ganado no eran nada en comparación con la alegría del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) frente al gesto que su esposa había tenido con su nodriza. Es por ello que al ver cuánto se había encariñado el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) con Zaid Ibn Harizah, quien en ese entonces era esclavo de Jadiyah, se lo cedió.

Jadiyah tuvo seis hijos con el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), cuatro mujeres; Zainab, Ruqaiiah, Umm Kulzum y Fátimah, y dos varones; Al Qasim y Abdullah.

Al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le gustaba retirarse y aislarse en una cueva conocida con el nombre de Hira ' por treinta días todos los años. Así lo hizo hasta que Allah decidió enviarle al ángel Gabriel con el mensaje divino. Esto ocurrió durante el mes de Ramadán. Cuando vio al ángel Gabriel por primera vez y recibió la revelación, regresó atemorizado a su casa, y cuando ingresó dijo muy asustado: “¡Cobijadme! ¡Cobijadme!” Al ver su estado, Jadiyah le preguntó acerca de lo ocurrido, y él le respondió: “¡Jadiyah! Temí por mi vida”. Entonces, en lugar de incrementar su temor y miedo profirió sus conocidas palabras: ¡No temas! Allah no te humillará jamás ni te desamparará, pues tú tratas con respeto a los parientes, hablas con veracidad, asistes a los más débiles, ayudas a los pobres, honras a los huéspedes y luchas por la verdad. Fue entonces cuando, al oír estas bellas palabras, el corazón del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se sosegó.

Luego de ello, Jadiyah (Allah se complazca con ella) lo llevó a la casa de su primo Uaraqah Ibn Naufal quien se había cristianizado y le informó lo acontecido. Al oír la historia éste exclamó: ¡Era el ángel de la revelación Gabriel, el mismo que Allah envió a Moisés!
Fue entonces que Jadiyah (Allah se complazca con ella) no vaciló ni un segundo ni se retrasó en creer en la revelación y profecía de Muhammad, contándose así en la primera persona en aceptar el Islam.

Cuando comenzó la difusión del Islam y los idólatras de La Meca comenzaron a perseguir a los musulmanes y someterlos a terribles torturas y tormentos, Jadiyah (Allah se complazca con ella) se contó entre los pacientes que soportaron y vencieron todas las hostilidades. En particular, cuando los primeros musulmanes emigraron a Abisinia, pues tuvo que despedir a su amada hija Ruqaiiah quien emigró junto a su marido ‘Uzman y un grupo de musulmanes, y contuvo sus lágrimas con fortaleza y paciencia. Aunque para ella hasta eso era fácil frente a la complacencia de Allah. Es por esto que alcanzó un rango que pocas mujeres alcanzaron.

Al Bujari y Muslim registraron que Abu Hurairah dijo: “El ángel Gabriel se presentó ante el Mensajero de Allah y le dijo: “¡Muhammad! Jadiyah te traerá un recipiente con comida y bebida. Cuando lo haga, salúdala con el saludo de paz que proviene de su Señor y también de mí”. Al oír el saludo Jadiyah respondió: “Él es la paz y de Él proviene la paz, y que la paz sea sobre Gabriel.
¿Acaso habéis oído de otra mujer que camine sobre esta Tierra y que sea de los moradores del Paraíso? Ella es Jadiyah la veraz. En otra oportunidad el ángel Gabriel se presentó ante el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y le dijo: “¡Albricia a que tendrá una morada en el Paraíso de brocado, donde vivirá sin ruidos ni molestias”.

Allah se complació de ella y la recompensó por sus acciones. Ninguna otra mujer hubiera podido crearle al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) el clima propicio para la meditación y sacrificarse por él y brindarle todo su apoyo cuando recibió la revelación.

Ninguna otra mujer hubiera aceptado la noticia de la revelación en la cueva con tanta dulzura y fe, sin dudar de su marido y con tanta convicción de que Allah no lo desampararía.

Ninguna otra mujer con tanta riqueza hubiera dejado la comodidad y el bienestar para pararse junto a su marido en lo momentos más difíciles de su misión y ayudarle aun sabiendo que sería sometida a todo tipo de torturas y castigos.

Ella es la única afortunada que fue agraciada con la posibilidad de colmar la vida del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) con felicidad y armonía.

Entre los acontecimientos importantes que presenció la Madre de los Creyentes Jadiyah (Allah se complazca con ella) fue el boicot que llevó a cabo Quraish para aislar a los musulmanes política y económicamente. La orden con el boicot fue escrita y publicada en el interior de la Ka‘bah. Así fue cómo los musulmanes fueron aislados en el territorio de la tribu de Abu Talib, y Jadiyah ingresó con el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) a ese territorio sometiéndose a ese aislamiento terrible que duró tres años, durante los cuales padecieron toda clase de necesidad.

Luego de que Allah dispuso que el aislamiento fuese levantado, no paso mucho tiempo hasta que la salud de Jadiyah (Allah se complazca con ella) comenzó a deteriorarse. Así fue debilitándose cada día más hasta que llegó su día decretado para la partida y lo aceptó complacida. Esto ocurrió tres años antes de la hégira. Luego fue enterrada en lo alto de una montaña en La Meca junto a sus familiares y fue el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) quien la introdujo en la tumba con sus propias manos.

Jadiyah (Allah se complazca con ella) vivió con el Mensajero de Allah los años más duros de su misión, pero aun así fue muy feliz a su lado y no se separó de él en ningún momento, tanto en tiempos de adversidad como de fortuna.
Al Bujari y Muslim registraron que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) solía decir: “Mariam Bint ‘Imran fue la mejor mujer de su época y Jadiyah Bint Juailid fue la mejor de la suya”.

Ibn ‘Abbas narró que el Mensajero de Allah trazó cuatro líneas en la tierra y preguntó: “¿Sabéis que significa esto?” Y los que estaban presente respondieron: Allah y Su Mensajero saben más. Y el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: Son las cuatro mejores mujeres de la humanidad: Mariam Bint ‘Imran, Asiah Bint Muzahim esposa del Faraón, Jadiyah Bint Juailid y Fatimah Bint Muhammad”.

Muslim registró que ‘A'ishah narró que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) solía decir cada vez que sacrificaba un animal: “Llevadle carne a las personas allegadas a Jadiyah”. Y agregó: “Pues yo he sido bendecido con este sentimiento de amor que tengo hacia ella”.

Ahmad registró que ‘A'ishah narró que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) siempre que se mencionaba el nombre de Jadiyah en su presencia la recordaba con muy buenas palabras. Entonces un día le dijo: ¡Qué mucho la recuerdas! Por cierto que Allah te ha puesto en su lugar a quien es mejor que ella. Y él respondió: Ella es irremplazable; ciertamente tuvo fe en lo que traje y abandonó las creencias de su pueblo, creyó en mí cuando todos me desmentían, me asistió con sus bienes cuando los demás me cerraron las puertas y Allah me agració con ella al darme los hijos varones que no tuve con las demás”.

Sigamos el ejemplo de Jadiyah (Allah se complazca con ella) que se mantuvo firme en la fe, fue paciente, desapegada de los bienes materiales a pesar de poseer grandes riquezas, apoyó y socorrió al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en todo momento en su lucha por la causa de Allah, lo trató siempre con amor y educó a sus hijos con dedicación y esmero.

¡Que Allah se complazca de Jadiyah!

Fuente: Historias de los Compañeros del Profeta
(sallalahu aleihi wasalam)



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