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 Unas mujeres confirmando el testimonio de otras // Hadiz de la inocencia de Aisha (ra)

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Sunnah wal Yamaah
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MensajeTema: Unas mujeres confirmando el testimonio de otras // Hadiz de la inocencia de Aisha (ra)   Jue Jun 07, 2012 7:46 am




Unas mujeres confirmando el testimonio de otras

1179. ‘Âisha (radia Allah anaha) dijo: ‘Cuando el Mensajero de Allah (salaLahu aleihi wasalam) deseaba salir de viaje sorteaba entre sus mujeres y la que salía favorecida lo acompañaba.

En una de las expediciones que hizo sorteó entre nosotras; yo salí favorecida y lo acompañé, esto fue después de imponerse el uso del velo. Yo era llevada en el hawdaÿ (1) de un camello y éste se bajaba mientras yo estaba adentro. Después de que terminó la campaña, el Profeta (salaLahu aleihi wasalam) emprendió el regreso. Ya acercándonos a Medina, el Mensajero de Allah (salaLahu aleihi wasalam) ordenó que se prosiga la marcha por la noche. Cuando se dio la orden de partida yo me alejé del campamento para hacer mis necesidades. Cuando volvía al campamento para partir me toqué el pecho y me di cuenta que un collar mío de cuentas se había perdido.

Volví sobre mis pasos procurando encontrar el collar y eso me retrasó. Mientras tanto, los que cargaban el hawdaÿ vinieron y lo levantaron sin sentir mi ausencia; lo pusieron sobre el camello en el que viajaba pensando que yo estaba dentro.

En esa época las mujeres eran livianas y no pesaban mucho, pues no comían mucha carne sino que comían un poco de comida; por ello, los que cargaron el hawdaÿ no se dieron cuenta de mi ausencia cuando lo levantaron y partieron sin mí, pues yo era una jovencita de poca edad (menos de 15 años). Yo encontré mi collar después de que el ejército había partido y al volver al campamento no encontré a nadie. Me quedé en mi lugar pensando que ellos me extrañarían y volverían por mí; mientras esperaba sentada me venció el sueño y me dormí. Safwân bin Mu‘attal Al-Sulami Al-Dhakwâni quedó rezagado de la marcha del ejército y al amanecer llegó hasta el lugar donde me encontraba; al ver la silueta de alguien acostado llegó hasta mí; él me había visto antes de que se imponga el velo.

Yo me desperté cuando lo oí diciendo: ¡Somos de Allah y a él retornaremos! (2:156) [2] . Safwân hizo bajar a su camello y descendió; luego lo inclinó más y poniendo su pierna me hizo subir sobre el camello. Partimos y él caminaba sujetando la brida del camello, hasta que alcanzamos al ejército que había hecho un alto para descansar al mediodía. Entonces se arruinó quien tenía que arruinarse (algunas personas empezaron a calumniarme acusándome de adulterio) y el que realizaba las acusaciones con más ahínco era ‘Abdullah bin Ubay bin Salûl. Cuando llegamos a Medina enfermé durante un mes mientras la gente divulgaba las acusaciones de los calumniadores.

Durante mi enfermedad sentí que el Profeta (salaLahu aleihi wasalam) no me estaba prodigando la atención que acostumbraba darme cuando enfermaba; solo entraba, saludaba, y decía: «¿Cómo está la chica?»

Yo no supe de lo sucedido hasta que disminuyó mi enfermedad. Salí a hacer mis necesidades con Umm Mistah hacia Al-Manási’; salíamos allí sólo de noche antes de tener lavatorios cerca de las viviendas, estábamos como loa antiguos árabes en el campo o en sus viajes. Mientras caminaba con Umm Mistah ella tropezó con sus largos vestidos y dijo: ‘¡Que se arruine Mistah!’ Yo le dije: ‘¡Esta mal lo que dijiste! ¿Acaso maldices a un hombre que luchó en Badr?’ Ella dijo: ‘¡Hey tú! ¿No has oído lo que dicen?’ y me informó sobre las calumnias en contra mía. Eso me enfermó más de lo que ya estaba. Cuando volví a mi habitación el Mensajero de Allah (salaLahu aleihi wasalam) entró, saludó, y dijo:

«¿Cómo está la chica?» Yo le dije que me permita ir con mis padres; mi intención era confirmar la noticia con ellos. El Mensajero de Allah (salaLahu aleihi wasalam) me lo permitió y fui con mis padres; pregunté a mi madre: ‘¡Madre mía! ¿Qué está diciendo la gente?’ ella dijo: ‘¡Hijita mía! No des mucha importancia a este asunto. ¡Por Allah! Ninguna mujer bella que sea amada por un esposo, que tiene otras mujeres, se libra de que las mujeres forjen mentiras sobre ella (y su castidad)’. Dije: ‘¡Glorificado sea Allah!

¿Esto mismo es lo que la gente dice?’ Y esa noche la pasé llorando y sin conciliar el sueño. A la mañana siguiente, el Mensajero de Allah (salaLahu aleihi wasalam) llamó a ‘Alí bin Abi Tâlib y a Usâma bin Zayd, para consultarles sobre divorciar a su esposa, cuando vio que la Revelación no se presentaba. Usâma le aconsejó guiado por lo que conocía de su buena reputación y dijo: ‘¡Mensajero de Allah! Conserva a tu esposa; no sabemos de ella sino cosas buenas

¡PorAllah!’ En cambio ‘Alî dijo: ‘¡Mensajero de Allah! Allah no te ha restringido nada y hay muchas otras mujeres aparte de ella. Sin embargo, pregúntale a la sirviente que ella te dirá la verdad’.

El Mensajero de Allah (salaLahu aleihi wasalam) llamó a Barîra y le dijo: «¡Barîra! ¿Has visto en ‘Âisha algo sospechoso?» Barîra dijo: ‘Nunca he visto algo sospechoso en ella, excepto que es una muchacha muy joven que a veces se duerme y deja que la cabra se coma el grano’.

‘Ese mismo día el Mensajero de Allah (salaLahu aleihi wasalam) subió al púlpito y pidió que lo ayuden a castigar a ‘Abdullah bin Ubay bin Salûl: Dijo: «¿Quién me ayudará para castigar a esa persona que me ha dañado calumniando la reputación de mi familia?

Pues ¡Por Allah! No sé de mi esposa sino cosas buenas y han acusado también a un hombre del cual no conozco sino cosas buenas y nunca entró a mi casa sin mi compañía». Sa‘d bin Mu‘âdh se levantó y dijo: ‘¡Mensajero de Allah! Por Allah que yo te ayudaré contra él.

Si es de la tribu Aws (la tribu de Mu‘âdh) le cortaremos la cabeza; y si es de nuestros hermanos de Jazraÿ, ordénanos y ejecutaremos lo que ordenes’. Entonces, se levantó Sa‘d bin ‘Ubâda, señor de los Jazraÿ, que había sido antes un hombre piadoso, pero fue arrastrado por el tribalismo, y dijo: ‘¡Mientes! ¡Por Allah! No lo matarás ni podrías hacerlo’. Entonces se levantó Usayd bin Al-Hudayr y dijo: ‘¡Juro que mientes! ¡Por Allah que lo mataremos! Pues tú eres un hipócrita que defiende a los hipócritas’. El alboroto y la tensión aumentaron y las tribus de Aws y Jazraÿ estuvieron a punto de pelear una contra otra frente al Mensajero de Allah (salaLahu aleihi wasalam) en el púlpito. El Mensajero de Allah (salaLahu aleihi wasalam) descendió y los calmó hasta que se callaron y él se calló.’

‘Âisha agrega: ‘Todo ese día lloré; mis lágrimas no dejaban de fluir y no pude conciliar el sueño.

A la mañana siguiente mis padres estaban junto a mí; llevaba dos días con sus noches llorando, hasta que pensé que mi hígado reventaría de tanto llorar. Mientras mis padres estaban sentados a mi lado, una mujer ansârí pidió pasar y yo se lo permití; entró y se puso a llorar a mi lado. Entonces entró el Mensajero de Allah (salaLahu aleihi wasalam) y se sentó a mi lado; algo que no hacía desde que se dijeron las calumnias sobre mí y ya había pasado un mes sin que se le revele nada sobre mí. Pronunció la shaháda y dijo:

«¡‘Âisha! Me ha llegado sobre ti esto y aquello (el supuesto adulterio con Safwán); si eres inocente Allah demostrará tu inocencia. Y si cometiste un pecado, pues pide perdón a Allah y arrepiéntete ante Él, porque si el siervo reconoce su falta y luego se arrepiente ante Allah, pues Allah lo acoge». Cuando el Mensajero de Allah (salaLahu aleihi wasalam) terminó de hablar cesó completamente mi llanto y dije a mi padre: ‘Responde al Mensajero de Allah (salaLahu aleihi wasalam) por mí’. El dijo: ‘¡Por Allah! No sé qué decir al Mensajero de Allah (salaLahu aleihi wasalam)’. Dije a mi madre:

‘Responde por mí al Mensajero de Allah (salaLahu aleihi wasalam) sobre lo que dijo’. Ella dijo: ‘¡Por Allah! No sé qué decirle al Mensajero de Allah (salaLahu aleihi wasalam)’. A pesar de ser una niña que no sabía mucho del Corán, yo dije: ‘Yo ¡Por Allah! Sé que vosotros sabéis lo que está diciendo la gente; y que eso ha llegado a vuestro interior y bien adentro lo creéis. Si os digo que soy inocente, y Allah sabe que lo soy, no me creeríais; y si os digo que soy culpable de tal pecado, y Allah bien sabe que soy inocente, me creeríais.

¡Por Allah! No encuentro nada como esta situación, excepto cuando el padre de Yûsuf (Jacob, padre de José) dijo: Hay que tener digna paciencia.

Allah es a quien se pide ayuda contra lo que contáis (12:18)’. Y me di vuelta en mi lecho.’

‘Âisha agregó: ‘Yo esperaba que Allah demuestre mi inocencia; pero nunca pensé que descendiera por mí una revelación que se recite, pues me consideraba muy insignificante como para que el Corán hable de mi asunto. Yo esperaba que el Mensajero de Allah (salaLahu aleihi wasalam) viese en sus sueños una visión a través de la cual Allah demostrase mi inocencia ¡Por Allah! No estuvo mucho tiempo allí sentado, ni salió nadie de la casa, hasta que le bajó la Revelación y se apoderó de él aquél estado que siempre le sobrevenía. Sudó tanto que las gotas de sudor le caían grandes como perlas a pesar de ser un día frío. Cuando se le pasó ese estado, el Mensajero de Allah (sallalahu alaihi wasalam) se puso a reír; lo primero que dijo fue: «¡‘Âisha! ¡Agradece a Allah! ¡Pues Él ha demostrado tu inocencia!» Mi madre me dijo:

‘¡Ve con el Mensajero de Allah (salaLahu aleihi wasalam)!’ Yo dije:

‘¡No! ¡Por Allah! ¡No iré con él! Y no agradeceré sino a Allah’. Entonces Allah reveló: Los que inventaron la mentira son un grupo de vosotros... (24:11) y las demás aleyas. Cuando Allah reveló esto sobre mi inocencia, Abû Bakr, que ayudaba económicamente a Mistah bin Azáza por su parentesco con él, dijo: ‘¡Por Allah! No ayudaré más a Mistah después de lo que dijo de ‘Âisha ‘; entonces
Dios reveló: Quienes de vosotros gocen del favor (de Allah) y de una vida acomodada, que no juren que no darán más a los parientes, a los pobres y a los que han emigrado por Allah. Que perdonen y se muestren indulgentes ¿Es que no queréis que Allah os perdone? (24:22). Entonces Abû Bakr dijo: ‘¡Claro que sí! ¡Por Allah! Yo quiero que Allah me perdone’ y restituyó a Mistah lo que solía darle.’
‘El Mensajero de Allah (salaLahu aleihi wasalam) solía preguntar a Zaynab bint Ÿahsh sobre mí; le decía: «¡Zaynab!

¿Qué sabes? ¿Qué viste?» Ella dijo: ‘¡Mensajero de Allah (salaLahu aleihi wasalam)! Yo protejo mi oído y mi vista. ¡Por Allah! No sé de ella sino cosas buenas’. Y ella era quien competía conmigo (por el amor del Profeta (salaLahu aleihi wasalam) . Allah la protegió por su piedad’. Sahih Bujari



(1) Hawdaÿ (del árabe); son una especie de canastos grandes que se ponían sobre los camellos; eran totalmente cubiertos y cerrados con puertas. En ellos viajaban las mujeres para protegerlas de la inclemencia del clima y el viaje por el desierto.
(2) Esta es una frase del Corán que se usa desde esa época para consolarse de una desgracia.
Sahih Bujari

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